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Representada por Kalatos Producciones.Nuestra peripecia empieza el 20 de agosto de 1940. Un tren con 927 refugiados españoles sale de la estación de Angulema, en la Francia ocupada por las tropas alemanas de Hitler. Los rumores sobre el objetivo del viaje contrasta con las condiciones del mismo: viejos vagones para transportar animales. Las condiciones son espantosas; el número de personas en cada vagón provoca, no ya el hacinamiento, sino que se hagan turnos para tumbarse en el suelo. Las condiciones de salubridad son inaguantables pues el tren no se detiene. Las personas allí encerradas duermen y hacen sus necesidades amontonados unos junto a otros; la falta de agua y de comida forman una escena difícilmente imaginable. Cuatro días más tarde llegaron al pueblo de Mauthausen, en la anexionada Austria. Los soldados alemanes obligaron a bajarse a los varones mayores de 13 años, separándoles de sus familias. De las 470 personas que fueron recluidas en el campo, 409 murieron. Las mujeres y los niños no corrieron mejor suerte. Hacinados nuevamente en el tren, hicieron el recorrido inverso cuya última estación fue España. Allí vivieron y sufrieron la posguerra y el franquismo con el estigma de rojos. Cuatro personajes de la misma familia son nuestros protagonistas: la madre que pronto se queda viuda, Ramiro el hijo mayor de quince años, Lolita casi adolescente y el niño Ángel. Le damos la palabra al más pequeño de los protagonistas, Ángel, después de sesenta años, y a través de él seremos testigos de este episodio. La puesta en escena hace hincapié en el carácter histórico del texto dramático, mostrando la reproducción en escena de uno de los vagones de tren, aspecto que se refuerza con la proyección de imágenes de archivo de los momentos que se van narrando. La fuerza del violoncello en directo contribuye a crear una atmósfera, a veces irreal, por el dramatismo del conjunto de la obra.
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